Entrar en el Aquí y Ahora a través del Cuerpo

Tu vida, mi vida, la de todos, ocurre siempre ahora mismo.
Nunca puede suceder en el pasado ni en el futuro.
Me refiero al único espacio posible en donde el devenir de la vida puede manifestarse: Ya Mismo, Aquí y Ahora.
En este mismo momento, único e irrepetible.
Pero he aquí que cada uno de nosotros puede estar consciente de esta realidad o no.
Por lo general tenemos la sensación de un tiempo que transcurre rápidamente y pasamos de una cosa a otra a gran velocidad, sin detenernos demasiado en cada momento.
No obstante, hay algo que puede marcar una gran diferencia en la manera en que percibo cada uno de esos momentos de mi vida, y es, en una primera instancia, la atención que ponga en ellos, el grado de conciencia que lleve a cada minuto, a cada segundo.
Y esto puedo experimentarlo, sin ir más lejos, desde mi propio cuerpo.
Adentrémonos en este concepto:
Mi Cuerpo como Puerta de Entrada al Momento Presente
Hagamos un pequeño y simple experimento:
Mientras te encontrás leyendo este texto ahora mismo, ¿estás consciente de la existencia de tu mano derecha?
¿Sí? ¿No?
Ahora prestá atención a tu mano derecha: sentí la palma, el dorso, los dedos, las yemas de los dedos.
Si ahora estás consciente de la presencia de tu mano derecha ya mismo, y unos segundos antes, mientras leías este texto, no lo estabas, entonces podríamos decir que tu mano derecha, para vos, para tu percepción consciente, hace unos segundos no existía, y ahora sí.
O sea que de repente te has vuelto consciente de tu cuerpo, de la existencia de una parte de tu cuerpo.
Pero reparemos en el hecho de que no es posible que tal cosa suceda un segundo antes ni un segundo después, porque cada vez que ocurre algo así, es ahora, ya mismo.
Lo que deseamos destacar es que cada vez que presto atención a mi cuerpo y me vuelvo consciente de él, lo hago en el momento presente.
Y es más: Esto puedo hacerlo sólo en el instante presente.
A partir de esta observación podemos entender que nuestro cuerpo puede convertirse en un puente de comunicación con el aquí y ahora.
Nos referimos a la idea de entrar en la experiencia del ya mismo, del instante presente, desde lo corporal, relacionándome con mi cuerpo, enfocando mi atención en él.

Tenemos la posibilidad de vivir en el aquí y ahora desde la experiencia de nuestro cuerpo.
Por supuesto que dicha experiencia podría repetirla con cualquier otra parte de mi cuerpo o con todas.
La Mente de mi Cuerpo
Avancemos algo más en el tema en cuestión:
Si ahora mismo detenés la lectura de este texto y comenzás a mover tu mano derecha, estarías dejando de utilizar un aspecto de tu mente y activando otro diferente.
Mientras leo, se halla activo un aspecto mental en mí vinculado al lenguaje, al que conocemos como intelectual, o racional.
En cambio, cuando abandono la lectura y conduzco mi atención hacia mi mano derecha y la muevo, estoy poniendo en funcionamiento otro aspecto de mi mente, de naturaleza distinta al intelectual o racional.

Se trata de la parte de mi mente relacionada con mi cuerpo, con su movimiento, con su energía, con la energía de su movimiento.
A esta faceta de mi mente podríamos identificarla como la mente de mi cuerpo.
Para leer o para pensar hago uso de mi intelecto, de mi mente racional, en tanto que para mover mi mano necesito activar otra parte de mi mente, la mente del cuerpo.
Entonces, si retrocedemos unos párrafos y retomamos la idea de la vivencia del ya mismo desde el cuerpo, ahora podríamos formularla también como la vivencia del ya mismo desde la mente del cuerpo.
Pues bien, esta forma de vivir en el presente desde la mente de mi propio cuerpo puede adquirir especial relevancia para nosotros cuando vamos a ocupamos de nuestra rutina de técnicas psicofísicas.

Acceder a la vivencia del aquí y ahora desde la mente de mi cuerpo y profundizar en ella, es un proceso de aprendizaje en sí mismo.
Diversas prácticas se hallan a nuestro alcance para llevar a cabo este entrenamiento.
A continuación vamos a explorar y a sugerirte algunas formas de conectarte con el ya mismo desde tu cuerpo, como paso previo a la práctica de tu rutina psicofísica.
Crear un Paréntesis antes de comenzar nuestra Rutina de Ejercicios
Un paréntesis entre dos eternidades: el antes y el después.
Esta oración hace referencia a la actitud que te sugerimos adoptar de cara al inicio de la rutina de trabajo psicofísico que venimos construyendo paso a paso con cada uno de los artículos anteriores.
Y es la actitud que buscamos al comenzar cada una de nuestras clases de Yoga Solar.
Describe un modo de ver, de entender esta etapa preliminar.
Usamos la palabra paréntesis porque la intención es crear un intervalo en el cual nos despojaremos de todo lo que aconteció antes de este momento presente en el que vamos a iniciar la práctica.
Y durante este intervalo nos ocuparemos igualmente de desactivar nuestras proyecciones mentales hacia lo que vendrá después, el mañana, el futuro.
La función principal de este paréntesis es establecer una separación mental con respecto a la actividad del día que hemos tenido previamente, así como también con respecto a la que tendrá lugar con posterioridad.
Consiste en construir un ámbito en el cual poder dejar atrás las cosas pasadas del día, y olvidarnos asimismo de las que nos aguardan luego, cuando regresemos al ajetreo mundano.
Liberarme de todo aquello que traigo conmigo que atente contra mi bienestar y armonía. Tal es el objetivo de este período.
Por un rato nos desconectaremos de la agenda cotidiana (familia, hogar, estudio, trabajo, actividades, etc.), de las obligaciones, del apuro, del estrés, de las preocupaciones, las ansiedades, los miedos.
Ingresando en mi Isla Personal
Entonces, con esta actitud con la que busco hacer un paréntesis en medio de mi día, voy a imaginar que el espacio en el que me encuentro, y donde voy a practicar mi rutina psicofísica, es a partir de este momento un lugar diferente, separado del universo exterior, de la inquietud mundana.
Se trata de instalarnos mentalmente en este sitio nuevo, que es distinto al mundo de allí afuera.
Con ese fin imaginá que ahora te hallás en una isla propia, personal, privada.

Una isla plácida, un recreo en medio del trajín de la vida.
Es una isla en el espacio y en el tiempo.
Visualizate en este sitio particular, mágico, en donde te sentís muy cómodo, como en tu hogar.
Percibí al espacio en donde estás como algo vivo, que te saluda, que te da una cálida bienvenida.
Imaginá que te recibe con alegría para que trabajes en tu beneficio.
Y desde tu actitud interior también podés saludar a este espacio, sentirlo como un lugar amigo.
Así, desde este nuevo lugar en el que te hallás, tu situación ahora es más apropiada para comenzar tu práctica.
La Atención como un Ancla para Conectarme con el Aquí y Ahora
Ahora bien, a fin de continuar construyendo este paréntesis en el cual abordaré mi práctica, voy a sumar otro ingrediente: la atención.
Mi primer tarea será conducir mi atención hacia el momento presente y el lugar en el que me hallo.
Dirigir mi atención a todo aquello que se encuentra en esta isla personal en la que me instalé ahora.
Voy a buscar encontrarme con este sitio, descubrirlo, explorarlo, recorrerlo, relacionarme con él, hacerme amigo.
Intentá conectar con este espacio particular a través de tus sentidos.
Mirá y observá sus paredes, el techo, el piso, las luces, los muebles, los adornos que te rodean.
Las plantas, las flores, los árboles, la tierra, el césped, el cielo, las nubes, el sol, si se trata del jardín o del patio de tu casa, o de una plaza u otro sitio al aire libre.

Encontrate con todo lo que te acompaña en este recreo en tu isla personal.
Si podés liberar tus pies del calzado y usar ropa cómoda, mucho mejor.
Animate a recorrer el espacio, a caminar, mientras hacés esta tarea de observar todo lo que hay allí, como si todo fuera nuevo, como si miraras todo por primera vez.
Tomá conciencia del contacto de las plantas de tus pies con el suelo: cómo se apoyan en cada paso, cómo sentís el piso, ya sea estando parado o caminando.
Sentí el contacto con la piel de la ropa que llevás puesta, en cada parte de tu cuerpo.
Aflojalo, relajalo, permití que salga la tensión, la rigidez.
Inspirá profundo por la nariz y exhalá por la boca, y cuando sacás el aire imaginá que junto con él expulsás también las tensiones musculares que acumulaste.
Repetí esto mismo varias veces mientras te encontrás parado o desplazándote, sintiendo como con cada exhalación tu cuerpo se vuelve más suelto, más liviano, más relajado.
Mové las zonas y partes de tu cuerpo que sientas tensas para continuar aflojándolas.
Utilizá estos movimientos para relajar el rostro, la cabeza, el cuello, la nuca y la garganta.
Los hombros, los brazos y las manos.
Columna, espalda, cintura, pecho y abdomen.
Glúteos, pelvis, piernas y pies.
Permitite movimientos que surjan espontáneamente. La mente de tu cuerpo sabe lo que necesita.
Imitá con tu movimiento al de las algas bajo el agua. Ellas se dejan mover por la corriente, no ofrecen resistencia al agua que las mece.

Buscá la suavidad, la fluidez, la armonía.
Disfrutá de estas y de tus movimientos.
Gozá de la sensación de libertad con ellos.
Según donde te halles, probá tocar y sentir con tus manos las paredes, los objetos, la alfombra, el suelo, el aire, la tierra, el césped, la arena, las plantas, los árboles.
Lo mismo podés hacer con las plantas de tus pies, arrastrándolas suavemente sobre la superficie en la que te encuentres.
Escuchá los sonidos y los ruidos.
Reconocelos. Incorporalos a tu espacio de atención.
Escuchá también los silencios.
Expandí poco a poco tu campo de percepción.
Volvete gradualmente más consciente de tu cuerpo y del mundo exterior.
Una música armoniosa, suave, motivadora, cualquiera que sea de tu agrado, es un elemento que podés sumar y que enriquecerá tu experiencia y potenciará los resultados de esta etapa introductoria.
La música adecuada que puedas introducir en el ambiente, incluso escuchándola con auriculares, puede convertirse en un disparador de estados interiores que te conduzcan a una experiencia de conexión más profunda con el presente y con vos mismo.
Sentí los aromas del ambiente, los olores que te acerca el aire que entra por las ventanas, los que te trae la brisa, los de las flores, el pasto, la tierra.
Perfumar el lugar con sahumerios o con aceites aromáticos ayudará a crear tu propio ambiente en esta isla personal.
Recomendaciones finales
Es conveniente dedicar unos 5 a 10 minutos a este trabajo preliminar antes de comenzar tu rutina psicofísica.
La práctica te conducirá a profundizar en la experiencia del encuentro con el momento presente a través de tu cuerpo, tus movimientos, tu respiración.
Y preparará de manera óptima tu cuerpo y tu mente para los ejercicios psicofísicos que vas a realizar después de esta introducción.
Para concluir, te invitamos y te alentamos desde Yoga Solar para que te entrenes con las prácticas que te proponemos en este y en los demás artículos del blog, así como en los contenidos de nuestra newsletter.
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